lunes, 7 de septiembre de 2026

Buscando Guayaba

Si fracaso mamá
Tu no tienes la culpa
Tu a mí me lo dijiste
Que pensara muy bien

 

 Le muestro a mi mamá un video que una compañera subió a una de sus redes. En el video salgo bailando con esa compañera. Mi mamá se ríe mucho, no sé si es risa orgullosa o burlona, pero se ríe y, como siempre que le muestro un video mío bailando lo vuelve chisme y se lo pasa a los sobrinos, a mis hermanos. Resulta que esa no es la única forma en la que soy una celebridad un poco local: ya varias compañeras saben cuándo no voy a clases de baile porque no salgo en videos de otras personas. A veces aparezco no en primer plano pero allá en el fondo, moviendo mucho los pies, pero muy tieso de la cintura para arriba. 

 Llevo unos nueve meses asistiendo a clases. El amor que tengo por la salsa va tomando otras formas, lo mismo mi desidia por la bachata. A diferencia de cuando iba al gimnasio (al lugar al que ya nunca creo que pueda volver porque mi cuerpo es así, tal vez siempre ha sido así: nunca y siempre, los adverbios de tiempo que utilizo con más frecuencia, es decir, los que utilizo siempre para nunca ser preciso), me resisto a mirarme al espejo cuando bailo. No sé si tenga que ver con algún tipo de trastorno dismórfico corporal, o si solamente es la misma depresión de toda la vida en una nueva versión. 

 Lo importante es que no me miro al espejo. La compañera con la que salgo en el video se ha dado cuenta. Otras tantas también. Solo veo mis avances en los videos que me topo accidentalmente gracias a otras personas. Allí me doy cuenta. Ya no es cómo se ve el cuerpo, sino cómo se mueve ese cuerpo. Y el movimiento es diferente, también, porque hay cosas que me duelen mucho, y otras que me fallan más. La rodilla izquierda, ahora, es más una buena intención que una articulación. El sábado pasado sentí que no me daba más, y no pude hacer unos giros. Pienso en formas para bajar de peso, nada drástico, con la única finalidad de poder hacer esos giros sin problemas. Pero el yo del video tal vez esconde lo que el yo del espejo me presenta bien claro y que no quiero reconocer: habito un cuerpo que no creo que sea el mío. 

 Pienso mucho en eso. O he pensado mucho en eso, en el paso de los años que el cuerpo acusa, pero cómo por dentro todo se siente diferente. No es una negación a asumir la edad que tengo, pero sí es sentir que no soy tan viejo, ni tan gordo, y que las limitaciones a muchas cosas están presentes más que nada por la capacidad física. Lo que veo en el espejo es a alguien ya muy viejo tratando de hacer algo que tuvo toda la vida para hacer. Veo a un señor gordo y ridículo que me devuelve la mirada, que me juzga, que me dice que tal vez debería renunciar y no volver. Bajo la mirada para no enfrentarlo. Bailo en medias para aliviar la rodilla y no darle la razón.

  Mis compañeras, mis profes, ven otra cosa. Pero ellos no tienen que llevarse a su peor crítico a la casa, ellos no tienen que convivir con él, no tienen que escapar de su mirada.

 Una compañera me dice que tengo buena pierna. Siempre me dicen cosas que soy incapaz de ver. 

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Willie Colón & Rubén Blades - Buscando Guayaba

 Anthony Santos - Corazón Culpable

 

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